Fotografo gastronomico y el chef.

Al igual que cada mañana nos duchamos, vestimos, perfumamos y nos miramos al espejo varias veces para ver si los botones están correctamente abrochados, volvemos a mirar si la raya del pelo o el tupé están bien colocados…

Igual que hacemos todo esto en nuestra imagen personal, ¿por qué no hacer lo mismo en nuestro negocio?
Hoy en día la gastronomía tiene mucho que mostrar y hay que plasmarlo de la mejor manera posible.
Como se suele decir “una imagen vale más que mil palabras”.
Esta frase describe a la perfección el poder de la imagen.

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Hoy en día, estamos rodeados de contenidos multimedia y debemos saber aprovecharlo.
Un chef es un artista que quiere expresar su sentimientos, su inquietudes, su manera de ver las cosas, al igual que el fotógrafo, que expresa todo esto a través de sus imágenes.
La unión de los dos debe ser algo natural.

Este tipo de fotografía tiene muchas dificultades que un buen fotógrafo gastronómico debe saber afrontar y resolver de la mejor manera posible.
Debe tener todo controlado para no perder ese momento exacto en el que cae un chorro de salsa sobre el plato, donde sale ese humo de un plato recién hecho, ese helado que no se derrita y un sinfín de pequeños detalles que diferencian una fotografía de una gran fotografía.

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Un buen chef debe conocer el producto, maneras de combinarlo, de presentarlo en un plato para que el cliente salga satisfecho y con ganas de volver.
Combinando todos esos ingredientes salen unos platos exquisitos y unas fotografías “apetitosas” y cuando las mostramos a los demás, el único sentimiento que tienen es querer comerselo.

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Aunque parezca tan bonito, en realidad a muchos profesionales del mundo de la hostelería les cuesta asumirlo.
Muchos lo ven como un gasto no siempre necesario y debería verse más como una inversión que seguramente les dará beneficios, al igual que tener una buena página web, presencia en las redes sociales y un largo etc.

Bon Appetit!